martes, 8 de marzo de 2016

Puertas que se abren y no cierran

Llamas a la puerta, y entras sin pedir permiso. 
Te sientas a mi lado y me miras. Entonces te marchas, y olvidas cerrar mi puerta. Permanezco sentada, contemplando la sombra que queda tras el hueco de la entrada, esperando a que vuelvas.
Y no vuelves, y mi puerta queda abierta para siempre. 
Llegan los ladrones, los vecinos, los interesados. 
Llegan los curiosos, los aburridos, los graciosos. 
Y continúo atrapada en este sofá, las mismas sombras.

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