Llamas a la puerta, y entras sin pedir permiso.
Te sientas a mi lado y me miras. Entonces te marchas, y olvidas cerrar mi puerta. Permanezco sentada, contemplando la sombra que queda tras el hueco de la entrada, esperando a que vuelvas.
Y no vuelves, y mi puerta queda abierta para siempre.
Llegan los ladrones, los vecinos, los interesados.
Llegan los curiosos, los aburridos, los graciosos.
Y continúo atrapada en este sofá, las mismas sombras.
No hay comentarios:
Publicar un comentario