El viaje va tornando rumbo a casa. Hoy nos hemos ido a Andorra, seis horitas de coche.
Si para vosotros madrugar es levantarse a las nueve y media, entonces he madrugado. Para mí lo es, aunque eso no quiere decir que no piense que dormir es una forma de malgastar preciosas horas del día, que lo pienso.
Pero también me gusta dormir, dos ideas contradictorias.
Al caso; hemos madrugado y partimos rumbo a Andorra, ideal para esquiar en invierno. Aunque ni sé esquiar, ni tengo idea de nada relacionado con el esquí, así que no me hagáis ni caso.
A una hora de partida hemos parado para desayunar. No penséis que hoy he sido tan tonta como ayer, no. Hoy he desayunado croissant y—suenan tambores de fondo—¡zumo de naranja! El bar estaba lleno de abuelitos y había uno muy bonico, me he acordado de mi amiga Sara que tiene un amor especial por los abuelos.
Acabamos el desayuno y seguimos con el viaje en coche. En cinco horas me ha dado tiempo a : cantar a lo loco todos los discos que tenía en el móvil, dormir una hora y media, pensar y rezar para que acabasen las condenadas curvas.
En serio, el paisaje era precioso; lleno de montañas, todo verde y vacas por todos lados, justo como a mi me gusta. Pero los siete kilómetros de curvas infernales, infinitas e inacabadas eran odiosas. Doy gracias por que no me he mareado, porque vomito muy fácilmente y nadie quiere vomitar en el coche y llevar el aroma dentro. Sé que no os importaba mi vómito fácil, pero yo lo digo.
Y al final de todas esas curvas llegó Andorra la Vieja. Lo mejor de aquí es que a parte de ser precioso y estar en la montaña, con un paisaje estupendo, hay un montón de tiendas en rebajas y aquí las cosas son mucho más baratas. Mi cara de ilusión es infinita. Mañana vamos de tiendas y a un balneario, dudo que me compre algo porque no tengo dinero, pero me encanta ir de tiendas. Sobre todo porque no suelo hacerlo.
Hasta mañana, último día de viaje.
Visitad Andorra la Vieja alguna vez, aunque no sea para esquiar.