domingo, 24 de mayo de 2015

Tormenta en tus pupilas

Tumbada en la cama, pienso sobre cómo no pensar.

Hoy es un día de esos en los que no soportas respirar, tratas de hacer mil cosas y te desesperas porque no hay ni una que te haga sentir bien. 
Primero pones la música, pero lo único que escuchas son melodías deprimentes que cualquier otro día odiarías porque te hundiría, pero hoy es como un manjar de dioses. Acabas harta incluso de la ella, así que buscas otra cosa. 
No tienes ganas de hablar con nadie, de leer a nadie, de ser nadie. No tienes ganas.

El cielo está gris y cualquiera diría que nos hemos puesto de acuerdo. La mejor opción es que llueva. 
¿En mis ojos o en los tuyos? Que llueva, que llueva.
Miro por la ventana, y aunque está cerrada, imagino el viento entrando por mis oídos y sacando esas voces que me hablan todo el rato, y se las lleva.
¿Venden pastillas para no pensar? 
Si juntase todos los argumentos que me traspasan, podría formar una orquesta de palabras.
Que llueva, que llueva. ¿En mis ojos o en los tuyos? 
Abro la ventana y me protejo en el alféizar, cerrando los ojos y escuchando el sonido del viento.
Tras la tormenta, viene la calma, y lo he comprobado. Por eso, que llueva, que llueva. 
Y se inunde mi voz.