Si pudiésemos observar cómo el alma se va llenando, poco a poco, con palabras, lograríamos confirmar la teoría de que el experto eres tú.
Los miserables piden frasquitos de ese amor que tanto les falta, y que soy afortunada de poseer.
Lo guardo en la caja fuerte, con un seguro imposible, irrompible e invisible, y lo preservo como si de oro se tratase.
Y espero, algún día, ser la primera en decir esas palabras que tanto significan, y pocos pronuncian como ha de pronunciarse, de verdad. Ese día sabré, que cuando te alcance en la carrera, y llegue a la meta, lo haremos de la mano. Y mi premio será quererte tanto, como tú me quieres a mí.
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