viernes, 5 de junio de 2015

Soledad

A veces abrazo a Soledad y nos sumimos en un profundo sueño en el que ninguno de los dos comprendemos nada. Entonces despierto y Soledad ha desaparecido, dejando en el hueco de mis brazos un frío vacío.

Pero sé que va a volver, aunque tarde, volverá. Porque nos hemos hecho el uno al otro. Mis brazos han cogido su forma, y ella la costumbre.
Soledad te has marchado, pero sé que volverás. El bolígrafo está preparado para volver a escribirte, otra vez más. 
En las noches frías de invierno, en los calores de verano, en las alergias de primavera, en los tristes vientos de otoño; Soledad está presente. Noche tras noche, día tras día, entre mis brazos.

Y ahora que se ha ido, no la echo de menos.

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