Te aprecio. Porque eres tan yo, tan sufridor de la vida, que sólo quiero cogerte de la mano. Porque cuando dices que lloras, veo en tus lágrimas las mías. Y alargo el brazo, pensando que puedo sentirte.
Estás tan lejos, y a la vez tan cerca.
Cuando me hablas, algo se llena en ese hueco en el que sólo cabía la angustia y se va haciendo sitio, destruyendo las murallas de mi fortaleza emocional. Llamas proclamando "soy yo, déjame entrar y formar parte de tu escondite. Sé cómo te sientes" y no me permito reprochar porque antes de que lo haga ya estás dentro.
Te has convertido en la poca alegría que alberga este bosque sin apenas vida, y tengo miedo de que te vayas. Tengo miedo de volver a construir murallas sola, sin nadie que me ayude a destruirlas. De perderme en mi bosque solitario.
Tengo miedo porque el tiempo me ha enseñado que ser, estar y permanecer no es lo mismo.
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