–No me mires, por favor.
Sus ojos atravesaron mis pupilas, y no tuve más remedio que apartarlas.
–No te estoy mirando. Trataba de encontrarte.
Entonces fui yo la que sostuvo mi iris en el suyo, y sonreí.
No pretendas hallar aquello que no existe, porque sólo será una mera invención.
Pero en lugar de iluminar al ciego, dejé al cojo sin muleta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario