En el momento decisivo mis lágrimas se quedan atrapadas entre ese pedazo de carne al que llaman corazón y mueren ahogadas. Todo mi cuerpo se encoge y comienza la marcha fúnebre, teniendo tus palabras por banda sonora. No hay mayor daño que una verdad sin malicia.
Digo hola y adiós a la vez, y se fusionan. Comienzan las turbulencias y escucho las quejas de todos los pasajeros, el avión comienza a caer en picado sin que nadie lo aprecie, hasta que es demasiado tarde y ya no hay posibilidad de salvarse.
Suspiro y no hay alivio.
Mi cuerpo se encoge y yo solo quiero volver atrás en el tiempo y evitar que las lágrimas se ahoguen, preservar la marcha monótona y silenciosa de siempre, y ese avión ni siquiera despegue.
Pero es imposible, y me sumo a la lista de corazones rotos por amor.
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