lunes, 28 de diciembre de 2015

Quiero, quiero, quiero...

Quiero ese rayo de sol que se cuela en la ventana, dejando atrás la oscuridad.
La canción que decida a tus pies a danzar.
La risa del que cuenta un chiste sin gracia.
El olor de la calle después de la tormenta.
El sonido de los árboles con el viento.
La flor del almendro.
El canto de los pájaros.
Quiero eso que hace sonreír a las personas, y termine con dolor de boca.

Dormir.
La mejor manera de matar al tiempo,
o de que él te mate a ti.
La aguja gira y sin embargo,
sigo queriendo morir. 
Morir para revivir
con la esperanza
 de que algo haya cambiado 
al despertar.
Y quieres volver a tu escondite 
entre las frías sábanas.
Cómo es la vida cuando existe 
algo que te haga más feliz 
que meterte en la cama 
y dormir.

domingo, 27 de diciembre de 2015

Continuas heladas

Hablemos del invierno. 
Manos temblorosas, manos frías, manos ásperas, manos muertas. Eso es el invierno; todo aquello que tocamos y se congela, dejándolo estancado, esperando muchas primaveras que recurran al deshielo. 
Somos ese bao suspendido al respirar, ese cuello que busca abrigo, somos nieve. Buscamos el cobijo de algo nuevo, saltando al vacío, dando por supuesto que lo que hallemos será mejor. 
Me preguntaste sobre la primavera, e indudable te hablé sobre ella. Perdóname, amigo, por hablar sin sentido, sobre cuentos de niños, fantasías. Pues, si estamos en invierno, ¿quién sabrá de primaveras?

sábado, 12 de diciembre de 2015

Laberintos

Aún espero el día en el que no tenga que hablar de dolor.
Me pregunto si será posible, porque ni siquiera sé qué me duele.
Me he quedado estancada en el dolor, de la gente, el mío propio. Ahora no sé cómo salir.
Me imagino como un laberinto en el que estoy buscando la única salida a todo esto, pero cuando creo que falta poco para llegar a ella, me vuelvo a perder. Y estoy sola. Grito, grito mucho para que alguien me encuentre y me ayude a salir, pero nadie me escucha. 
Me he acostumbrado a vivir en este laberinto, y sé que quiero salir, pero a la vez me asusta. No sé qué me espera ahí fuera, porque nunca lo he sentido.
Espero, en un futuro, poder mirar mi presente yo como una mala película en la que nadie quiso actuar, pero asignaron papeles. 
Espero, espero...espero. 
Creo que seguiré esperando.