Siento no haber escrito y llevar un día de retraso, pero supongo que no han sido días perfectos. De modo que voy a hablar sobre el veintidós y el veintitrés—que es hoy— juntos.
Ayer comenzamos el día recogiendo las maletas y metiéndolas en el coche porque nos íbamos ya de Florencia. Por el camino,—que tengo que declarar que fue bastante largo,pero lo pasé durmiendo—paramos en Verona, ciudad donde vimos el balcón de Romeo y Julieta. Y acabamos llegando a Mestre, donde nos alejamos ahora. Al principio creía que la casa en la que dormiríamos iba a estar en Venecia pero no pudo ser por una serie de inconvenientes, pero estamos al lado. Para llegar hoy, veintitrés a Venecia hemos cogido un autobús. Luego hemos estado viendo la ciudad, que estaba llenísima de gente y visitando distintas partes cogiendo el Ferri.
Hoy hemos andado muchísimo y hemos comido en un restaurante.
El camarero del restaurante era muy simpático e intentaba hacer reír a mi hermana Silvia que estaba de mal humor, pero en vez de eso ella se enfadaba aún más. Alrededor de las ocho hemos ido a la playa y Silvia y yo hemos mojado los pies y corrido por la arena y al poco tiempo cogimos el Ferri y el autobús para volver a casa.
Mis pies mueren de dolor, pero mañana se avecina un día más cansado.
Voy a tener que ir buscando en las rebajas unos pies nuevos.
Mañana toca ver Murano y Burano, que no sé por qué me suenan a piedrecitas volcánicas.
Quiero saber qué anécdotas depara el día de mañana, pero no puedo así que ya lo contaré.
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