domingo, 27 de julio de 2014

Annancy 2º día

26-7-2014
Este día lo voy a escribir en pasado pasadísimo, pues llevo retraso de un día y esto tendría que haberlo escrito ayer por la noche, no hoy por la mañana.
Los primeros acontecimientos del día de ayer:
Mi hermana y yo somos un poco tontas, por no decir mucho. Mamá no dijo a qué hora había que levantarse y Silvia y yo, las dos listísimas, vamos y nos levantamos a las nueve de la mañana. Ahí estábamos las dos frescas y madrugadas. ¿Qué pasó? Que estuvimos viendo la televisión hasta las diez y media que vino mamá y las dos teníamos unas caras de tontas que no veas.
Siguiente dato, yo era una cascada de mocos. Bueno, habría sido cascada si hubiese podido soltar alguno, así que digamos que más bien era congestión pura. Debido a esto, cuando nos vamos a desayunar, se me ocurre tomarme un Ibuprofeno. Pero yo solo había desayunado un croissant porque me dolía la garganta, estúpida de mi. Lo siguiente que ocurrió es esto: estuvimos paseando por Annancy, bello Annancy. A todos les parecía bello y precioso, un paseo estupendo menos para mi, que iba arrastrandome por todas las calles de la ciudad como si llevase a cuestas un crucifijo. Pero en realidad lo que llevaba era mi cuerpo, ¡mi cuerpo! Me dolía todo, desde la espalda hasta el estómago y sólo me faltó desplomarme allí en el suelo, porque yo creía de verdad, sin exagerar, que me moría. Se lo dije a mi madre y me dijo que dejase de quejarme porque si no me iba a doler más, y no os preocupéis que más me dolió. Estuve dando el tostón y mi madre se cabreó, y cuando me vio llorando a moco tendío fueron a buscarme un antiácido o algo así asquerosísimo. El antiácido parecía el fijador que te ponen cuando vas al dentista o una pasta de dientes y sabía a menta, pero hizo que se me quitase el dolor y entonces sí, Annancy era bonito.
Después de comer, empezó a llover y volvimos al hotel. Estuve toda la tarde metida en la cama moqueando y leyendo La ladrona de libros, también usé Twitter(@SARAandLAU) y cuando dejó de llover fuimos al centro a cenar.
El restaurante tenía dos pisos y el camarero era un chico joven, de mi edad más o menos. Sólo de pensar lo cansado que tenía que ser estar subiendo y bajando todo el santo día me agoté yo.
Tras cenar y volver al hotel, jugamos una partida al futbolín y perdí.
Dato curioso: soy malísima jugando al futbolín. Quedamos 5-7
Y entonces llegó mi hora favorita, la de dormir.
Dulces sueños Annancy.

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