Hemos amanecido temprano, cosa de las nueve, para preparar las maletas y abandonar nuestro incómodo sofá-cama. Tras zamparnos media caja de buenísimos cereales y meter las maletas en el coche, nos hemos puesto en marcha. Cinco horas de coche, ¡cinco! Y una de ellas hemos tenido que parar porque yo me había mareado y ya de paso hemos aprovechado para comer. Dos horas más tarde de la comida, hemos llegado a Annancy donde residimos ahora mismo. Vamos a estar aquí dos días y el pueblo es precioso, tiene unas casas y calles las cuales me recuerdan a la película de La bella y la bestia . He debido de coger frío en algunos de los días anteriores que estaban lluviosos y me mojé porque estoy constipada y para colmo parece que llevemos una maldición porque a lo lejos se escuchan truenos y los rayos iluminan el cielo. ¡Dios sepa si no lloverá mañana!
Esperemos que podamos disfrutar de espléndido sol y sólo sea falsa alarma.
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