lunes, 21 de julio de 2014

Florencia-Siena, Arezzo y Gimignano

21-7-2014
Hoy hemos salido de Florencia para visitar Siena, Arezzo y Gimignano.
Al principio hemos dudado en salir de casa porque había una tormenta de espanto, y mira que a mi me gustan las tormentas y que llueva mucho, pero la estaba maldiciendo como a mil demonios porque no quería pasar mi viaje encerrada en casa. Al final, a pesar de la lluvia, los truenos, los relámpagos y los japoneses con distintos impermeables multicolores que atascaban la calle, salimos dirección al parking en continúa lucha con la lluvia. A mi me ha parecido que el parking estaba en la otra punta de la ciudad porque no llegábamos nunca, y cuando digo nunca quiero decir que cuando por fin hemos llegado estábamos completamente—absolutamente es mejor, porque hasta las bragas, de verdad—mojadas.
Lo mejor de todo es cuando nos hemos dado cuenta de que nos habíamos dejado en casa las llaves del coche y Antonio ha tenido que ir a por ellas. Somos las personas más inteligentes que hay en este mundo, soy consciente de ello.  
A continuación hemos visitado Siena, no ha estado mal. Arezzo, me he enamorado de unos zapatos pero la tienda estaba cerrada—ya he soltado mil y una maldiciones al dueño, y sin conocerlo. Gimignano, ciudad medieval preciosa y en la que me he tomado un helado buenísimo y  con seguro un enorme contenido calórico y en grasas que ayudará a mis fantásticas lorzas a mantenerse en su estado creciente. 
Mañana nos dirigimos a Venecia, cuyo destino llevó esperando tres años—que he estado cansineando a mi madre, todo hay que decirlo.
Y ruego por todas las personas que puedan escucharme—porque no creo en Dios y por lo tanto no puedo rezarle—que mañana en concreto no llueva porque me haría la persona más infeliz del planeta, y eso es demasiado.
Ahora me voy a jugar con mi queridísima familia y Antonio al Rumikub, mi juego de mesa preferido.


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