Nunca cumple su palabra y le gustan más las fiestas que las responsabilidades.
Es mucho de prometer pero sus palabras pesan poco, son cobardes, y aprovechan el aliento para huir.
Y mientras, baila, ríe, y finge que es feliz.
Por las noches, mueve marionetas y éstas, esclavas, obedecen por miedo a perder contra unas manos poderosas que sólo tiran, tiran, y gritan.
Y mientras, baila, ríe, y finge que es feliz.
Me pregunto quién lo convirtió en máquina de matar ilusiones, corazones, emociones.
Cómo duerme y respira, qué mentiras se cuenta para entregar manzanas envenenadas como si fueran regaliz.
Y lo siento, porque no soy yo quien lo ha convertido en monstruo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario