Es la historia de como no reconocer lo que tienes delante o no querer verlo, y al final todo sale a la luz, en consecuencias.
Sus ojos eran muy grandes pero estaba ciego, orejas enormes pero sordo. Grandes brazos pero manco.
–Qué boca tan grande tienes—y le mordió.
Sólo hicieron falta unas pocas palabras, y se comió a la abuela.
Confundí al lobo con Caperucita. Creí que llevaba amor, y sólo sacó heridas.
Escogí el camino equivocado y llegó antes de que entendiese que yo también tengo boca, y dientes.
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