Son los momentos de silencio los que me dan paz
como si las palabras y yo firmáramos tregua.
Esos escasos momentos de soledad
en los que no es necesario fingir.
Estar bien, mal o no estar
ya no es un castigo.
Ese breve instante, en el que nadie me controla.
Mi nuca está libre de ojos que vean,
corazón que padezca.
No soy juzgada, soy invisible
para todos y para nadie.
Ese breve instante, en el que soy libre.
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