Cuando la rabia te inunda
y me echas la culpa
el dolor me consume,
aún sabiendo,
tu propósito.
Es el sentir
el que más duele,
más que tu ida
sin retorno.
El saber que tú estás llena
y yo, vacía de lágrimas.
Son tu causa y tus disgustos
entrando en mis pulmones
quien me asfixia.
Y cuando parece que está bien,
vuelves.
Es el verte, y estar cerca
tu sonrisa en la cara,
y tus palabras.
Es el saber que estás bien
y yo, vacía de lágrimas.
Pero es mejor recordarte,
en mentiras.
Sonriente.
Y aún entonces,
vuelves.
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